¿A quién beneficia la violencia en las manifestaciones pacíficas?

POLIS

Juan García Ballesteros
Presidente del Colectivo Prometeo y miembro del Frente Cívico Somos Mayoría

Desde antes de este 22M, la Delegada del Gobierno de Madrid, Cristina Cifuentes, ya anunció la posibilidad provocaciones y violencia en la manifestación del pasado sábado. El gobierno PP comenzó a preparar el ambiente con tiempo, porque no acepta las protestas democráticas y pacíficas de los ciudadanos que luchan por mejorar sus condiciones de vida y que no soportan más seguir perdiendo derechos fundamentales y conquistas sociales. Como hemos visto en anteriores ocasiones (esta no iba a ser diferente), el partido gobernante, se nutre de la carnaza de provocadores, la mayoría de ellos ajenos a los manifestantes, que provocan altercados porque necesita de imágenes violentas para nutrir los medios de comunicación, tanto la prensa escrita como la televisión, de elementos justificativos de la represión policial y de camino llenar las informaciones de comentarios e imágenes que desvirtúan la realidad para así minimizar la enorme importancia y trascendencia política y social que ha demostrado esta impresionante manifestación del 22M en Madrid. Pero ha ido aún más lejos, ordenando a la Guardia Civil la paralización de más de cien autocares, que no dejaron entrar en la capital, por lo que unos cinco mil ciudadanos sufrieron en sus carnes un atentando contra la libre circulación de las personas.

“Ya sé que el Gobierno lo niega, pero sí que tenemos infiltrados”, el secretario general del Sindicato Unificado de Policía, José Manuel Sánchez, se refirió en estas declaraciones (después del 25 S, 26-9 12) a como policías de paisano, camuflados, se confunden con los manifestantes para, según él, identificar a los violentos. Pero existen múltiples testimonios gráficos (se pueden localizar en internet) que demuestran que son de los primeros que provocan los iniciales conatos de violencia para justificar las cargas policiales.

Es indudable que habrá elementos violentos en todas las manifestaciones, pero de ninguna de las maneras se les puede relacionar con los 300 colectivos sociales, movimientos y plataformas organizadores de la Marcha por la Dignidad, ni los cientos de miles de personas que pacífica y constitucionalmente ejercían su derecho de manifestación. Porque se sabía que podía ocurrir, en las múltiples reuniones previas de preparación de esta gran marcha de protesta en todos los rincones del estado siempre se dejó muy claro y contundente que era una manifestación cívica, pacífica y que no se podía entrar en provocaciones.

La Marcha por la Dignidad del pasado día 22 de Marzo ha rebasado todas las previsiones y expectativas de los convocantes. Ha conseguido no sólo movilizar, sino desplazar a Madrid, pagándolo de su bolsillo a miles y miles de ciudadanos con los objetivos muy claros: no pagar la deuda ilegítima, rechazar los recortes, exigir la dimisión del gobierno de la Troyka y pan, trabajo y techo para todos. Toda la manifestación transcurrió pacíficamente. Era un hervidero de eslóganes y reivindicaciones en el que personas de todas la edades se mezclaban, se fundían en una voluntad común, en unos deseos compartidos para acabar con la esquilmación de tantos derechos arrebatados a la inmensa mayoría de la población.

El miedo ha cambiado de bando. Ahora, y lo demuestran los titulares, imágenes e informaciones de los medios de comunicación oficialistas, se ha instalado en los resortes del poder, tanto político como económico. Por eso, quieren promulgar la ley Mordaza, quieren seguir infundiendo el miedo a la población para reprimir con las fuerzas de seguridad o enormes multas a todos los que deseen combatir, con el derecho constitucional que les asiste, el callejón sin salido al que están hundiendo a la juventud, a millones de parados y de familias a los que están condenando al hambre, a la exclusión, al exilio o a la pobreza.

El 22M ha marcado un antes y un después en la toma de conciencia y la asunción del protagonismo social y político de muchísimos ciudadanos. La población está despertando de un letargo, de una resignación que ha durado demasiado tiempo. Son muchísimos miles los que están comprendiendo que sólo si son capaces de tomar las riendas de su destino, luchando pacíficamente, podrán conseguir darle un vuelco total a la situación.

Debemos comprender que esta unidad en la acción, que este compromiso de los diferentes colectivos participantes en una transformación real y posible de la dura situación sociopolítica que padecemos debe continuar. Hay que seguir dando pasos adelante, en la unidad de todos, sumando cada vez más ciudadanos hasta llegar a esa inmensa mayoría que pretendemos, con unos objetivos claros y concretos que supongan no sólo cambios sustanciales en las vida sociolaboral de las personas, sino también cambios políticos y económicos para acabar con tantos desmanes, tanta injusticia, tanta corrupción, tantos ataques a los DDHH.

Si miramos el horizonte, y seguimos avanzando, podremos observar que la utopía del cambio de este injusto sistema que nos machaca, que nos esclaviza es posible. Pero se necesitan los brazos, las voluntades, las fuerzas y la inteligencia de todos para conseguirlo ¡Adelante!

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